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30 años creciendo con la UABCS Guerrero Negro

  • 3 sept 2025
  • 4 min de lectura

Este año, hace algunos días, celebramos el 30 aniversario de la UABCS extensión académica Guerrero Negro, un lugar que ha marcado profundamente mi vida y la de mi familia. No se trata solo de edificios, aulas o títulos...son tres décadas de sueños, luchas y esperanzas sembradas en medio de este rincón de la Baja. Y mientras miro hacia el pasado, no puedo evitar pensar en mi infancia y en como este campus nos cambio el destino.


Yo era apenas una niña cuando mi mama, recién llegada como turista e investigadora, fascinada por las ballenas grises, comenzó a compartir su conocimiento con otros visitantes. Esa pasión genuina fue lo que la dio a conocer, pero también lo que le trajo criticas y malentendidos dentro del gremio turístico local. Recuerdo un día que marco nuestras vidas: yo cursando la primaria y un día el teléfono sonó con la noticia que mi mama tenia que salir del país porque había sido reportada. La Oceanóloga Liliana Lyle estaba presente y en lugar de ver como nuestra pequeña familia se desmoronaba, ella tomo acción y nos tendió la mano. Le propuso trabajar como maestra de ingles en la universidad, que en ese entonces aun no tenia edificio propio y daba clases en aulas prestadas del CET MAR #21. No solo le ayudo a tramitar su visa de trabajo y le dio empleo; nos dio una nueva vida, y a mi mama un nuevo propósito. Con ese gesto, nos regalo estabilidad y esperanza.


Poco después se construyo el primer edificio del campus, donde yo pase gran parte de mi infancia, acompañando a mi mama a sus clases. Entre los pasillos conocí a docentes y administrativos que se convirtieron en mis amigos, en mis cuidadores, y hoy siguen siendo mis guías. Para mi mama fue un respiro, después de años viviendo de propinas, encontró en la universidad un lugar donde podía aportar su pasión, formar profesionistas y, al mismo tiempo sostenernos con dignidad. Para nuestra comunidad, el campus significo un antes y un después: abrió la puerta a la educación superior para quienes no podían o no querían irse lejos de casa.


Cuando termine la preparatoria, me fui convencida de que debía buscar mi camino fuera. Elegí una carrera que pronto descubrí no era para mi, y abandone. Durante años pensé que quizás nunca lograría cumplir la meta de titularme. Casi quince años después, de regreso en Guerrero Negro, ahora con dos hijos y un emprendimiento que apenas se había sembrado, fue otra vez Liliana quien me convenció de que aun estaba a tiempo. Su voz siempre ha sido faro de razón y empatía en mi vida. Ese primer día de clases regrese llena de nervios, rodeada de compañeros que podrían haber sido mis hijos, pero que el día de hoy se han convertido en algunos de mis amigos mas cercanos. Pero el campus tiene algo único: no se siente como una escuela, se siente como un hogar. Hoy mis maestros y mis compañeros son también mi familia.


El canto siempre ha sido uno de mis sueños, aunque pocas veces me atreví a compartirlo en publico por el miedo escénico que me persigue desde niña. El año pasado me convencieron de cantar en un evento y este año, para el 30 aniversario, volví a hacerlo en dos de los eventos. No fue fácil, pero fue un honor inmenso poder con mi voz poder agradecer a cada persona que ha sido parte de mi formación y celebrar a mi alma mater. Fueron tres días de emociones intensas. Llore al ver resumidos 30 años de tanto esfuerzo de personas que admiro profundamente. Me llene de orgullo al compartir el escenario con tanto talento local y visitantes que nos regalaron noches mágicas. Y confirme que el mensaje mas importante que podemos dar es este: nunca es tarde para cumplir tus sueños, ya sea convertirte en profesionista o atreverte a cantar frente a un publico.

Nuestro campus es mucho mas que un centro de estudios superiores. Es un grupo de personas luchando por el bien común, por preservar la cultura, por cuidar nuestras áreas naturales y por formar jóvenes conscientes. No ha sido fácil. Durante años, maestros y administrativos trabajaron sin paga, buscaron recursos para conseguir transporte, una sala de computo, proyectores, una biblioteca. Siguen haciendo milagros con lo que se tiene, y aun así nos consciente con calidad y cariño.


De aquí han nacido muchos proyectos que han marcado a Guerrero Negro, como la Organización de Conciencia Ambiental (OCA), que lleva platicas a niños de primaria para sembrar en ellos amor por la naturaleza. O el MUSAM, un museo comunitario que se ha convertido en un pilar cultural y educativo. Nuestra universidad es un faro no solo para Guerrero Negro, sino para todas las comunidades aledañas que encuentran aquí una oportunidad cercana y real de superación.


Hay tantas personas a quienes debo agradecer que no alcanzan las líneas: a Liliana Lyle, por cambiar mi vida y la de mi mama con su empatía y liderazgo; al maestro Nico, que me enseño a amar nuestra historia y valorar las voces de los vencidos; a la maestra Belén, siempre aliada en nuestros proyectos ambientales. Y a cada maestro, administrativo y compañero que hace que cada día en este campus se sienta como estar en familia.


Mi sueño es que este campus siga adelante contra viento y marea, con mas carreras, mejores instalaciones y el reconocimiento que merece. Que siga siendo ejemplo de perseverancia local. Y en lo personal, me encantaría un día regresar como maestra, para sembrar en otros lo que aquí han sembrado en mi.


A los estudiantes que hoy forman parte de esta comunidad y a los que algún día lo serán, quiero decirles esto: no tomen por sentado lo que tenemos, porque cada recurso aquí se ha ganado con lucha y con amor. Nunca es tarde para cumplir sus sueños.


La UABCS Guerrero Negro, para mi, significa esperanza. Esperanza de cumplir mis metas, de ver transformarse a mi comunidad, a mi estado y a nuestro mundo. Como digo Gandhi: "Se el cambio que quieres ver en el mundo". Y como dice nuestra alma mater: "Sabiduría como meta, patria como destino."


Con orgullo y sal en la piel,


Sirena

 
 
 

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Sal, Sol y Sirenas

Historias y aventuras en Baja California Sur.

Sal, Sol y Sirenas por Sirena Bondy

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