Remando contracorriente: reflexiones de una sirena terrestre
- 20 ago 2025
- 3 min de lectura
Del mar he aprendido que todo fluye con ciclos: calma, tormenta, oleaje, mareas...Así también son mis días.
Me despierto siempre temprano, y con cafecito en mano le dedico mis mañanas a mis hijos: el desayuno, las mochilas, los abrazos y palabras de aliento antes de partir hacia la escuela. Esos pequeños rituales son como boyas en medio del oleaje, nos mantienen a flote aunque a nuestro alrededor todo siempre cambie.

Cuando ellos se han ido, comienzo la segunda parte de mi día. Entre contestar correos y mensajes, buscar ideas y mejoras para mi negocio, tareas de la universidad y mis días de blog, a veces quisiera ser un pulpo, con muchas manos y varios cerebros para darme abasto y recordar todos los pendientes.
Mi trabajo, como el mar, es estacional...hay temporadas de abundancia y otras de quietud extrema, en las que toca aprender a estirar cada centavo y a ser paciente. No es sencillo en un mundo donde la vida es cada vez mas cara, pero la pasión que siento por lo que hago me recuerda que vale la pena seguir navegando, aunque a veces nos azoten las tormentas.
El mediodía suele ser la parte mas agitada. Los niños regresan cargados de historias justo cuando yo intento preparar comida y alistarme para mis clases. A veces me siento partida como las corrientes: madre, estudiante, emprendedora, mujer. pero busco que la mesa sea siempre un puerto seguro, donde compartimos un rato antes de que el reloj me empuje a salir por la puerta. Y si logro robarle al día unos momentos extras, me refugio en mi habitación con una vela encendida y una meditación. Es mi faro personal, un recordatorio que también debo cuidarme a mi misma.

No siempre tengo esos momentos de paz. En exámenes o la temporada de ballenas, las olas me arrastran sin pausa, a veces dejándome sin aliento. Pero me repito que son dificultades pasajeras, que cada desvelo por terminar un proyecto, cada lagrima derramada en frustración y cansancio, y cada invitación rechazada son parte de la ruta hacia mis metas. Son mis decisiones las que me han traído hasta aquí, y por mas agotada que este, se que de tener la opción, volvería a elegir este camino.

He renunciado antes, lo confieso. Abandoné una carrera hace años porque sabia que no era para mi. Pero esta vez estoy segura que estoy en el camino correcto. Esta vez sigo, incluso en los días que los pies me pesan y que mi cabeza parece estallar. Mi blog pensé en no empezarlo, pero al lanzar la primera publicación me di cuenta que lo que escribo realmente conecta con ustedes, y mi negocio...ese nunca lo dejaría. Soy de las pocas personas afortunadas que disfrutan muchísimo lo que hacen, tanto así que no me imagino haciendo otra cosa.
Claro que hay voces que hacen lo posible por disuadirme....me dicen "no vas a poder", "no es un negocio para mujeres", "le quitas demasiado tiempo a tus hijos". Pero son precisamente mis hijos quienes me impulsan como viento en mis velas.
Quiero que el día que crezcan y enfrenten sus propias tormentas, recuerden que su mama no se quedo mirando en la orilla, nunca se dio por vencida y que puedan sentirse orgullosos de mi.
La vida es demasiado corta, y nos han hecho creer que hay un tiempo "correcto" para estudiar, emprender y soñar. Pero el tiempo correcto es hoy. No importa si la sociedad nos quiso encerrar en una caja cuadrada, o si nuestra voz interna nos dice que ya es demasiado tarde con ese típico "ya para que". Mientras tengamos vida, hay oportunidad de reinventarnos.

Pero no todo es seriedad! La vida se ríe de mi, y conmigo. Como aquella vez, agotada después de presentar exámenes y proyectos, que salí de la universidad de noche y me subí al carro equivocado. Pase casi diez minutos intentando encenderlo, convencida que alguien había movido mi asiento y descompuesto mi carro. Mis compañeros me veían desde lejos muertos de risa hasta que entendí mi error y me uní a la risa desenfrenada. A veces nos toca reírnos de nuestro propio caos, porque si no podemos hacerlo ¿que caso tendría?
Hoy se que los sueños no son solo para pensarse antes de dormir. Los sueños están hechos para convertirse en metas. Y las metas se cumplen con trabajo, esfuerzo, y si...algunos sacrificios. No es fácil, nunca será...pero cada paso, incluso los mas torpes, nos van acercando a la vida que queremos, solo hace falta dar el primer paso en la dirección correcta y saber hacia donde quieres ir.


Comentarios