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El mar me crio...

  • 24 jun 2025
  • 3 min de lectura

Nacida entre ballenas, criada por el viento y abrazada por dos mundos: el desierto y el bosque.

Todos venimos del mar, y tarde o temprano, todos volvemos a él...
Todos venimos del mar, y tarde o temprano, todos volvemos a él...

Nací donde el desierto se funde con el mar. Me concibieron en la Laguna Ojo de Liebre, en Baja California Sur, un santuario natural rodeado de ballenas, tortugas, aves migratorias, coyotes, delfines y cerros que alguna vez estuvieron sumergidos bajo el agua. Ahí donde los vestigios de la tribu Cochimí siguen escondidos entre obsidianas, dientes de tiburón blanco… y hasta de Megalodón.

Pero no crecí en un solo lugar. Mi infancia fue un vaivén entre esa laguna salada y la isla Vancouver, en la Columbia Británica, Canadá. Entre los matorrales de verdillo y salicornia de la costa y los abetos gigantes del bosque húmedo. Aprendí desde muy pequeña que el hogar no siempre tiene fronteras: puede ser tan grande como el planeta cuando lo amas de verdad.

Fui hija única, y aunque siempre he sido sociable, pasaba mucho tiempo sola. Mientras mi mamá trabajaba —mi roca, mi maestra, mi constante— yo jugaba a ser la princesa de un reino hecho de naturaleza. En la playa, hablaba con aves y cangrejos; en el bosque, me sentaba en un tronco a platicar con la abuela sauce como si fuera Pocahontas. Inventaba idiomas para hablar con el viento, danzaba al ritmo de las olas, y claro… siempre descalza. Hasta hoy.

Mi primer amor.
Mi primer amor.

Mi mamá es una mujer fuerte, resiliente, mágica. La vi levantar su vida desde la nada, y aunque no tuvimos lujos, jamás sentí carencias. Vivíamos en una carpa junto al mar. Eso era mi realidad. En Canadá, mi padrastro nos construyó una casa en medio de 100 hectáreas de bosque. Había osos, venados, pumas. Aprendí a respetar la vida salvaje, a entender que nosotros éramos los visitantes en ese hogar. Gracias a ella aprendí a ser independiente, a vivir mi verdad sin disculpas, y a ver el mundo como un milagro constante.

Una vez, de niña, le conté que recordaba haberla visto desde el cielo, tan sola… y que la elegí. “Ella tiene que ser mi mamá”, dije. Curiosamente, los médicos le habían dicho que era estéril. Y sin embargo, aquí estoy. Su regalo del destino. O como dice ella, su mayor milagro.

No tuve televisión. No tuve juguetes caros. Pero sí tuve ballenas.



¿Quién está viendo a quién?
¿Quién está viendo a quién?



Recuerdo una vez, a los ocho años, ver a una ballena y sentir que me miraba directamente al alma. No fue solo un encuentro, fue una conexión. Una especie de reconocimiento ancestral que todavía siento cada vez que las veo en mi trabajo.

El mar ha sido mi mejor amigo, mi consejero, mi lugar seguro. Siempre me recibe con amor, aunque llegue rota. Me enseña a fluir, a elegir mis batallas, a tener la fuerza de las olas pero también la humildad del agua.

Ser sirena no es solo amar el mar. Es tener un corazón gentil, pero fuerte. Es cuidar de los seres que me rodean, humanos, animales o plantas. Es saber que el mundo es un ser vivo que depende de nosotros tanto como nosotros de él.

La península de Baja California no es solo el escenario de mi vida. Es parte de mí. Aquí me enamoré. Aquí lloré. Aquí nacieron mis hijos. Aquí encontré un orgullo que no me cabe en el pecho por el entorno que me rodea. Aquí siempre soy yo.

Momentos mágicos
Momentos mágicos

Durante mucho tiempo dudé si debía compartir esto. Por miedo, por inseguridad, por esas voces que juzgan. Pero sé que no soy la única que siente así. Y si alguien que me lee hoy se enamora un poquito más del mar, del bosque o del desierto… si hace algo, por pequeño que sea, para cuidar este mundo… entonces este blog ya tiene sentido.

Ojalá encuentres en estas palabras un lugar seguro, un rincón libre de juicios, donde los sentimientos extraños también tienen casa.

Mi historia, como mi alma, está hecha de sal, sol y sirenas.

Bienvenide.

Con amor y sal en la piel,

Sirena. 🐚

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Sal, Sol y Sirenas

Historias y aventuras en Baja California Sur.

Sal, Sol y Sirenas por Sirena Bondy

Mail: bajamermaid89@gmail.com

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