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El viaje siempre termina en casa.

  • 16 jul 2025
  • 2 min de lectura
Mi pequeño gigante.
Mi pequeño gigante.

Ayer fue un día especial. Izaak, mi hijo mayor, se graduó de la secundaria. No hubo togas,

birretes, ni una gran fiesta, pero si muchas emociones encontradas a lo largo de la pequeña ceremonia que ofreció la escuela. En mi cabeza se repetía sin cesar el típico "¡Mi bebé ya no es un bebé!"

Lo vi caminar hacia el podio con nervios, esa mezcla única de ilusión y miedo que solo se siente cuando sabes que un ciclo esta terminando y estas apunto de embarcarte en un nuevo viaje, que te sacara por completo de tu zona de confort.






Mientras lo observaba, inevitablemente recordé cada una de mis graduaciones. Siempre contaba los días para cerrar una etapa, con la mirada puesta en la siguiente. No podía esperar para irme a la universidad, conocer la vida en la ciudad, gente nueva, lugares nuevos. Tenia la mirada puesta en nuevos horizontes, en lo que vendría después, en ese pasto que siempre promete ser mas verde del otro lado de la montaña.

La universidad hace lazos para toda la vida.
La universidad hace lazos para toda la vida.

Crecí entre la sal de Guerrero Negro y los caminos arenosos de Bahía Asunción, y como muchos, sentía que la vida de verdad comenzaría el día que me fuera de ahí.



Luces de la ciudad.
Luces de la ciudad.



Así que me fui. Probe la ciudad. Viví ese ritmo de vida rápido, donde todo esta al alcance de los dedos. Me cegué con las luces, la tecnología y ese ruido que al principio es emocionante. Pero, día con día, me daba cuenta que me faltaba una parte de mi. Comencé a sentirme pequeña. La mentalidad de las personas, el trafico, las prisas, la forma de relacionarse....todo era tan distinto...tan frío.






Y descubrí que no era para mi. Un día simplemente supe que debía volver. Que mi lugar estaba aquí, donde la sal brilla bajo el sol, los torotes florecen pintando el desierto de rosa y el mar te salva cuando sientes que te ahogas.

Los cerezos del desierto.                                                       Foto cortesía de Santoro Fotografía
Los cerezos del desierto. Foto cortesía de Santoro Fotografía

Cuando regrese algo cambio. Retomar mis estudios universitarios aquí, en mi pueblo natal, fue como si las piezas faltantes de mi rompecabezas aparecieran de pronto, como por arte de magia. Comprendí que aquí esta mi ritmo, mi esencia, mi hogar. Que en estos pequeños pueblos hay una calma que no se compra ni se encuentra en otro lugar.

Por que si...de niños soñábamos con irnos, pero tarde o temprano extrañamos poder caminar sin miedo, saludar a todos por su nombre, sentir la brisa salada en la cara y saber que el mar esta siempre cerca. Extrañamos esa sensación de pertenencia que nos regalan los lugares como Guerrero Negro, Bahía Asunción, La Bocana, Punta Abreojos y muchos otros rincones de la Baja.

Como escribió T.S. Eliot:

"No dejaremos de explorar, y al final de todas nuestras exploraciones será llegar a donde empezamos y conocer el lugar por primera vez."

El hogar es el lugar a donde tu corazón vuelve.
El hogar es el lugar a donde tu corazón vuelve.

Y tu, ¿alguna vez sentiste que necesitabas irte para valorar tu hogar?


Con sal en la piel y el corazón aquí en la Baja,


Sirena 🌊✨

 
 
 

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Mail: bajamermaid89@gmail.com

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